PRIMERA LECTURA: EXODO 24, 3-8
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 115
SEGUNDA LECTURA: HEBREOS 9, 11-15
EVANGELIO: MARCOS 14,12-16.22-26

Reflexión Dominical1. Jesús, ya muchas veces amenazado por las autoridades, era consciente de que su entrada en Jerusalén donde poderes religiosos y políticos tenían su sede, implicaba exponerse a que le condenarán a muerte. En ese contexto celebró una comida de despedida con sus discípulos. La comida es ámbito adecuado para compartir sentimientos, proyectos, miedos y esperanzas. Una celebración profundamente humana. Los mismos discípulos eran conscientes del peligro que corrían, y la situación conflictiva propiciaba más la relación confidencial. Es normal que Jesús explicitará, una vez más, lo fundamental de su mensaje; lo que había intentado en todas sus actividades y a lo cual se mantenía fiel hasta la muerte: Dios es amor y quiere que todos vivamos como hermanos, “amaos unos a otros” como yo os he amado hasta entregar la propia vida.

2. En ese clima de despedida se comprende la invitación: esta es mi carne y esta es mi sangre, mi vida entera con sus sentimientos y anhelos, con sus empeños apasionados por crear la fraternidad entre todos. Tomad y comed, procurad recrear mi conducta en vuestra historia. Es el significado que tiene la comunión eucarística; dejarnos alcanzar y transformar por esa conducta de Jesucristo.

3. La fiesta del Corpus Christi, cuerpo de Cristo, fue instituida en el siglo xiii para celebrar la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. Pero esa presencia real es para nosotros y a favor nuestro. Para que “la comamos”. Siempre teniendo en cuenta que, al revés de lo que ocurre con los otros alimentos, en cada comunión eucarística es Jesucristo quien nos convierte y nos hace más parecidos a él. A condición, claro está, de que no reduzcamos la celebración a un rito religioso más ni a un cumplimiento, sino que sea un encuentro vivo y personal con los sentimientos, proyecto y entrega de Jesucristo por amor a los demás.

P. Fr. Antar Elías Chain ocd