Domingo XVI del Tiempo Ordinario

Lectura del libro del Génesis (18,1-10a)
Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,24-28)
Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42)

Acoger verdaderamente a Jesús

La primera lectura del libro del Génesis (18,1-10), en el cual se nos narra la historia de Abraham que recibe a unos extranjeros, nos prepara para la comprensión del Evangelio. En la hora más calurosa del día, en la hora donde la mayor parte de las personas están más indispuestas a salir de sí mismas, Abraham acoge a tres caminantes que se presentan a la entrada de su tienda. Él no se imagina las repercusiones de sus actos: aparentemente Abraham auxilia a los enviados de Dios ofreciéndoles comida y descanso, pero en realidad son estos tres hombres los que lo auxilian. No es Abraham quien acoge a Dios primariamente, es Yahveh quien ha acogido los anhelos más profundos de su corazón y viene a colmarlo con la bendición de un hijo (Isaac). Para la mentalidad semita un hijo representa la posibilidad de perdurar en la historia y ser recordado. Abraham nos es el que acoge, sino el acogido, no es el que ayuda sino el ayudado sobreabundanmente con un milagro.

En el Evangelio (Lucas 10,38-42), el escritor sagrado, nos presenta a dos hermanas, Martha y María, que representan dos formas antagónicas de recibir – acoger a Jesús. Martha es la primogénita, por ese motivo es mencionada en primer lugar, es ella, de hecho,la que invita a Jesús a su casa, es una mujer servicial que quiere ayudar, los evangelistas la caracterizan como una mujer cuya característica principal es el servicio, la operatividad. Por otro lado, su hermana María se presenta sentada a los pies de Jesús, escuchando su palabra y disfrutando de la presencia del maestro, sin ayudar a su hermana que está empeñada (obsesionada) en las labores de la casa.

En un momento determinado Martha se acerca a Jesús para “reprenderlo” porque no le dice a María que la ayude. Desde la perspectiva de Martha, Jesús no se interesa por la injustica que está sucediendo. Martha se atreve a interrumpir a Jesús que está enseñando, ella no está interesada en la palabra del Maestro sino en el hecho que él no hable de la necesidad de ayudarla, ella quiere imponer su propósito y lógica al Jesús.

Martha ha recibido a Jesús en su casa, pero no lo ha acogido, ella sigue en su propio mundo, con sus propios valores, con su forma particular de ver vida y es por eso que se atreve a interrumpir y aconsejar a Jesús. Martha quiere ser el centro; su ego, su hacer, su perspectiva, son lo más importante. No le encuentra sentido a escuchar, acoger, meditar las palabras del Nazareno. La respuesta de Jesús es paradigmática: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. Acoger a Jesús en la propia existencia significa adoptar su perspectiva, escuchar su palabra y hacerla propia. El problema de Martha no es el servicio, sino su enojo, su querer estar al centro, su deseo de que las cosas se hagan según su propia voluntad y no según la voluntad del Maestro: ella cree saber mejor de qué tendría que hablar Jesús.

Recibir a Jesús no es lo mismo que acogerlo. Recibir es algo meramente superficial. Nosotros podríamos tener presente al Señor en nuestras vidas, pero en realidad no vivir una transformación profunda de nuestra ser y quehacer. Acoger a Jesús implica asimilar su espiritualidad, estar abiertos a participar de su proyecto según sus parámetros y no según los nuestros.

La esencia de la vida cristiana no está en el activismo, sino en el SER. Un SER que se recibe, un SER transformado por la PALABRA del maestro. Un SER que se construye en las RELACIONES. Podemos ayudar a mucha gente materialmente, pero lo que realmente transforma el mundo es nuestra capacidad de abrirnos al otro, de acogerlo. La fraternidad del Reino se construye escuchando a los hermanos, compartiendo nuestro tiempo y dejando a un lado nuestros afanes para recibir al Señor que nos bendice sobreabundantemente con su presencia.

Fray José Colón Izquierdo ocd.