PRIMERA LECTURA: GÉNESIS 9, 8-15
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 24
SEGUNDA LECTURA: 1ª. PEDRO 3, 18-22
EVANGELIO: MARCOS 1, 12-15

Reflexión Dominical1. Plazo cumplido
1.1 He aquí la expresión a la que temen todos los endeudados: “plazo cumplido”. Terminado el plazo, viene el cobro, y con el cobro, la angustia de no poder pagar y tener que enfrentar vergüenza y castigo.
1.2 Esta vez, sin embargo, el anuncio del plazo agotado va unido a un pregón de sorprendente alegría: “el Reino de Dios se ha acercado”. Jesús mismo es el horizonte entre ese tiempo anterior al plazo cumplido y aquel Reino que viene. La puerta para pasar de una a otra realidad es una palabra que llena toda la Cuaresma: “conviértanse”.
1.3 Jesús trae esa palabra de la soledad del desierto, adonde lo ha “empujado” el Espíritu Santo. En el crisol del ayuno, la oración y el silencio, Cristo ha recogido los cabos sueltos de nuestra historia humana; ha comprendido de modo singular y hondísimo nuestro drama y ha encontrado una brecha de debilidad en las murallas de nuestro orgullo. Sabe que por ahí puede colarse la salvación. Entonces ha vuelto a la ciudad a predicar, y su mensaje es puro fuego: ” ¡crean en el Evangelio”.
1.4 La Iglesia entera, especialmente en el tiempo de cuaresma, acompaña a Cristo en este desierto. Se sabe acechada y tentada por el diablo, se sabe sola y peregrina, se sabe rodeada de fieras y acompañada de ángeles; sabe también que hay un drama en ese silencio que nos deja presentir a Dios sin nunca verle y abrazarnos a su amor sin todavía poseerlo. Pero sobre todo la Iglesia sabe que en todo ello no está sola sino que su Esposo comparte el camino y marca una ruta que conduce finalmente a la conversión y al gozo de la Buena Nueva.

2. La fuerza del bautismo
2.1 La segunda lectura trae un tema complementario: la fuerza del bautismo.
2.2 La imagen que nos trae el apóstol Pedro es un poco compleja, sobre todo por aquello de los “espíritus encarcelados”, que no abordaremos en esta ocasión. Pero la idea general es clara: así como Noé y su familia fueron salvados a través de las aguas del diluvio por el arca, mientras todo perecía, así los cristianos sobreviven a un mundo pecador a través de las aguas del santo bautismo.
2.3 Es interesante comparar al bautismo con un diluvio, por aquello que significaba el agua para los hebreos. El agua era a la vez señal devastadora de muerte y principio irreemplazable de vida. El agua podía hacer eso que describe el relato del diluvio: borrar, cancelar una historia y hacer desaparecer a los agentes de iniquidad. El agua tiene poder para arrasar y limpiar.
2.4 Ese poder “natural”, sin embargo, es sólo un símbolo, una sugerencia del verdadero poder que detenta Dios solo y que llega a nosotros con el bautismo. Lo que no es de Él, lo que no le pertenece, lo que no le agrada puede ser borrado radicalmente por la fuerza de su designio, que ha quedado patente en aquel que estuvo muerto y ahora vive por los siglos de los siglos (Ap 1,18). Fiados de esa gracia eficaz entramos de lleno en la cuaresma, sabiendo que el que nos ha llamado ha recorrido el primero nuestra senda y ha tomado victoria de nuestra historia.

P. Fr. Antar Elías Chain OCD