PRIMERA LECTURA: JONAS 3, 1-5.10
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 24
SEGUNDA LECTURA: 1ª CORINTIOS 7, 29-31
EVANGELIO: MARCOS 1, 14-20

Reflexión Dominical1. Llamado a la conversión
1.1 La realidad más visible en las lecturas de hoy está, sin duda, en el arrepentimiento. Jonás predica en la ciudad pagana por excelencia, Nínive; Cristo predica en Galilea. El mensaje, sin embargo, es distinto, por lo menos en su aspecto exterior: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”, dice Jonás; “El Reino de Dios ha llegado”, anuncia Jesús. Podemos mirar en estas expresiones diversas las dos caras del mensaje que llama a conversión.
1.2 “Nínive será destruida” nos invita a pensar hacia dónde nos estamos encaminando, es decir: adónde conduce la alternativa que hemos tomado. “El Reino de Dios ha llegado” nos invita a mirar el otro camino, la alternativa que hemos descartado.
1.3 Y bien, preguntémonos adónde va nuestro mundo. No nos contentemos con asumir las noticias como van llegando: despenalización del aborto, aprobación del “matrimonio” homosexual, manipulación genética e intentos de clonación humana, eugenesia abierta o implícita, eutanasia que se extiende como vergonzosa plaga por el mundo. ¿Adónde va un mundo que va aprobando en secuencia cada una de estas cosas? A la destrucción. Es misión, aunque amarga, del predicador mostrar, hacer visible esa destrucción, y eso es lo que hace Jonás.

2. Las matemáticas del mundo y del Reino
2.1 ¿Hay otra posibilidad? Jesús anuncia la llegada del Reino. El Reino viene porque el mundo ya no va más. Dios se acerca al hombre porque el hombre ha mostrado su incapacidad de acercarse a Dios. Eso enseña Jesucristo.
2.2 Y por cierto las matemáticas le dan la razón. El mundo no puede renovarse a sí mismo porque la suma de las conveniencias, multiplicada por la montaña de los egoísmos, resta demasiado de las fuerzas del bien, ya de hecho divididas por orgullos y afanes de protagonismo. La burocracia es la artritis de la bondad y la codicia el acelerador de la maldad. Así el mundo se desgarra entre la conciencia de un bien que no alcanza y la presencia de un mal que detesta.
2.3 “¡Convertíos!”, suplica y ordena Jesucristo. Es una súplica, porque nace de un corazón que sufre de amor por el mundo; es una orden, porque es un acto de justicia frente a Dios que no recibe del hombre lo que éste le debe en gratitud y alabanza, pero sobre todo en amor.
2.4 Así vemos abrirse el ministerio público de Jesús, con unas matemáticas nuevas: suma tu fe a la fuerza de la palabra y restarás de la montaña de tus culpas, y dividirás a la turba de tus enemigos.

P. Fr. Antar Elías Chain OCD