PRIMERA LECTURA: DEUTERONOMIO 18, 15-20
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 94
SEGUNDA LECTURA: 1ª CORINTIOS 7, 32-35
EVANGELIO: MARCOS 1, 21-28

Reflexión Dominical1. Como Moisés
1.1 La primera lectura nos lleva a hacer una comparación entre Moisés y Jesús. Para apreciar lo que esto significa necesitamos descubrir a Moisés; quiero decir: descubrir en qué sentido Moisés es un profeta.
1.2 Se suele pensar que un profeta es alguien que predice cosas. Y aunque los escritos tradicionalmente atribuidos a Moisés contienen algunas referencias hacia el futuro, por ejemplo: qué pasará cuando Israel sea infiel a Dios, no parece que ese sea el motivo básico de su lugar en el caminar del pueblo de Dios.
1.3 Más bien podemos decir que si un profeta habla con propiedad del futuro es porque de algún modo se aproxima a la mirada de Dios, el cual abarca todo. Esta proximidad tiene como fruto inmediato no tanto predecir sino mostrar la voluntad de Dios, que a menudo entra en contraste con los planes humanos. Vemos así que Moisés “el legislador” y Moisés “el profeta” son en verdad la misma persona, uno que con su testimonio y su oración hizo transparente el querer de Dios para todo un pueblo.
1.4 Y hay más: no se trata sólo de decir “esto quiere Dios;” se trata de mostrar “cómo nos quiere Dios.” Las disposiciones de Dios serían pura imposición si no supiéramos de su amor que libera, de su ternura que es potente, de su sabiduría que rebasa a todos. Y de todo esto ha dado fe uno que supo vivir buscando su rostro: Moisés.

2. Primero los Hechos
2.1 El ministerio de Jesús, según lo describe el comienzo del Evangelio según san Marcos, está lleno de obras de poder. Jesucristo no es una idea. No es tampoco un personaje de fantasía al que podamos ponerle las características, cualidades o defectos que a nosotros nos parezcan. Conocer a Jesús no es enterarse de un grupo de ideas, de una colección de anécdotas o de las aventuras de algún personaje extraño y más o menos simpático.
2.2 Conocer a Jesús es acercarnos a una vida. Él pertenece a nuestra historia.
Recordemos cómo empieza Lucas su testimonio sobre Jesús y su Evangelio: “Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (Lucas 1,1-4).
2.3 Aquí se nos habla de “testigos oculares”, de una “narración ordenada” y sobre todo de un propósito: “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. La imaginación puede ser bella, pero no es sólida. Tratándose de Jesús, los hechos tienen la primera y definitiva palabra.
2.4 Y de esos hechos nace una autoridad incomparable. El que enseña con autoridad y exorciza con autoridad primero ha mostrado esa autoridad sobre la historia nuestra, que en sus manos se reconstruye, limpia y florece.

P. Fr. Antar Elías Chain OCD