Epifanía

La solemnidad de la Epifanía, de la “manifestación del Señor”, la más conocida y celebrada (otra sería su primer milagro en Caná), tiene su origen en la Iglesia de Oriente que festejaba el 6 de enero el solsticio invernal;  la  victoria  de  la  luz  sobre las tinieblas, comenzaba otro ciclo estacional  y  con él   la  luz  iría  in crescendo…    Nuestra calles, ciudades y conventos continúan vestidos de fiesta por los decorados navideños, en éste día propios y extraños participamos de la tradicional “rosca de Reyes”,  tradición  de  los  primeros  cristianos  que  en  su  búsqueda  del verdadero Dios plasmaron, en un pan circular símbolo del amor sin fin de un Dios que nos sale al encuentro.  Es verdad que le comercio invade el espacio con su afán de lucro pero este afán viste exteriormente al mundo de fiesta;  en  ninguna  época  del  año  la  noche  se ilumina  tanto  con el esfuerzo  y  el  ingenio  de  los  humanos,  tal  vez  como  oportunidad  de expresar el deseo insaciable de la “Luz que ilumina a todo hombre”, anhelo de no vivir en las tinieblas… Cristo ha nacido y con Él ha venido a la tierra toda la belleza que al mundo le faltaba, ha acortado las distancias entre Él y nosotros, entonces el mundo se vistió de su hermosura, la plenitud de los tiempos llegó… de una Virgen el Hijo de Dios nació, nada puede continuar igual y en ésta época sentimos la necesidad de llenar los espacios   con   luces   artificiales,   papeles   brillantes,  hay  una  magia  en  el ambiente donde quien quiere puede respirar la fragancia de Dios, para algunos el Nacimiento de Jesús no tendrá importancia, lo cierto es que eso, a la verdad el Hecho no modifica nada, pues cuanto los ojos miran y los sentidos absorben es una milagrosa melancolía por recorrer un camino que lleve hasta la Luz que no conoce el ocaso… y a estas fiestas del año las vestimos con luz de nuestras manos: con nuestros deseos de LUZ… San Mateo nos relata la Encarnación sobriamente: una genealogía que exalta la dinastía davídica; que espera al Hijo de David; el nacimiento de Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes… así nos prepara para relatarnos una aventura que sólo su pluma ha trazado; unos Sabios de oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?, hemos visto su estrella y venimos a adorarlo…”¡sobresalto general! Aquel pobre rey Herodes que había mandado ejecutar a sus tres hijos temiendo perder su trono, escucha aquella afirmación hecha pregunta, que acaba por trastornar más su razón, y la maltratada  Jerusalén  conociendo  al   rey  se  estremece…  pero  aquellos personajes que llenarán a la humanidad de suposiciones y fantasías están allí con una finalidad bien concreta: encontrar al Rey de los judíos y… adorarlo… y así dan inicio a la interminable peregrinación de los sedientos de Verdad.  Ellos van guiados por una estrella, (un comprobado fenómeno astrológico, que produjo una intensa luz), un impulso para ponerse en camino, sabios e inquietos buscadores de la verdad; allí están presentes las razas de los tres continentes entonces conocidos, o las tres edades simbólicas de la vida, en fin, aquí en la comunión con este Rey se encuentra toda armonía y plenitud. Y preguntan ¿dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?, Herodes convoca a los que saben dónde debe nacer, y aquellos conocedores de las Escrituras   informan   a   éstos  paganos, pero no sienten el impulso de unirse a esta caravana de buscadores de Dios, saben mucho de las profecías pero lo que conocen no es suficiente para atreverse a caminar, y aquellos extranjeros al encontrarse con las Sagradas Escrituras, vuelven a ver brillar la estrella que mientras estaban con Herodes se había ocultado, y entonces se llenan de alegría y prosiguen su marcha, el pobre rey se queda lejos, fuera del camino.

La estrella continuó guiándolos, la luz de la Palabra y se detuvo donde  debían  encontrar  lo  que  buscaban…  y  se   encontraron   con  la sencilla manifestación de Dios niño en los brazos de su madre, aquellos Sabios no se escandalizan de la humildad y pequeñez de aquel Rey, experimentan, sin dudas que es al que buscan, sus corazones se sienten adheridos a este Niño y simplemente se postran, y al fin le adoran y le ofrecen sus dones; lo reconocen como Dios, como Rey y como Hombre… ellos  paganos  han  preguntado:  “ ¿Dónde  está  el Rey  de  los  judíos?” Y escucharon en su corazón dónde; y años después otro pagano a Él le preguntará: “¿eres tú el Rey de los judíos?”, pero su corazón no escuchará, y como se estremeció la ciudad ante la primera pregunta, se estremecerá ante su Pasión, Jerusalén se cimbra ante la luz de la Epifanía y la luz de la Pascua…

“Cuando los Magos lo encontraron, su camino exterior terminó y comienzan un camino interior… aprendieron que Dios es diverso de como acostumbramos imaginarlo, en los brazos de su Madre que se los muestra… aprendieron que la adoración lleva una donación… aprenden que deben entregarse a sí mismos”. 

 Avisados en sueños de que no volvieran a Herodes se retiraron a su país por otro camino…     Continuemos nuestra marcha al país de nuestro  interior  por  el  camino  que  se  musita  dentro,  tal  vez sea otro diferente al que creíamos, pero andemos hacia Dios:

En la noche dichosa, en secreto que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía. Aquesta me guiaba, más cierto que la luz del mediodía, a donde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. ¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!

Bibliografía: Benedicto XVI, JMJ 2005.

La infancia de Jesús.  Benedicto XVI.

Hna. Ma. Magdalena de Jesús Resucitado ocd

Carmelitas Descalzas, Aguascalientes