Carmelitas Descalzas México-“¿Cómo es que uno se convierte en mariposa?” preguntó ella melancólicamente.
-“Debes tener tantas ganas de volar que estás dispuesta a renunciar a ser oruga”

 

¿Por qué hablar de límites?

En nuestra vida diaria, nos encontramos continuamente con la realidad de establecer límites y de respetar los límites de los demás. Tener nuevas herramientas en este terreno nos pueden abrir posibilidades enormes para no trasgredir el espacio de las personas a mi alrededor y el mío propio.
En el mundo físico, los límites son fáciles de ver, pero no así en el mundo espiritual, interior. En este espacio, son tan reales como los físicos, aunque menos visibles.
Leí alguna vez, que los límites definen el alma, ¿por qué? Porque definen lo que soy y no soy. Un límite me muestra dónde termina mi persona y comienza otra persona, me da un sentido de propiedad. El autor decía que tenemos libertad cuando se sabe cuál es nuestro dominio y responsabilidad. Asumir la responsabilidad de la propia vida, nos presenta muchas opciones y posibilidades diferentes.
Los límites nos ayudan a definir con claridad lo que no corresponde a nuestra propiedad y de lo que no somos responsables. Por ejemplo, no somos responsables por otras personas. Nunca se nos obliga a ejercer el “control sobre otros”, aunque, ¡Cuánto tiempo y energía gastamos intentándolo! Por ello es necesario hablar de límites.

¿Qué son los límites?

Carmelitas Descalzas MéxicoLa palabra límite en la geografía son líneas visibles o no- que delimitan las fronteras de un estado, un país o el terreno de una persona. En el desarrollo de la persona, la palabra límite se utiliza para describir una acción: fijar un límite. A menudo, al expresar esto, estamos diciendo que hemos decidido decirle a alguien que él o ella no puede usarnos, ni lastimarnos, ni tomar lo que tenemos. Hemos decidido decirles que no pueden abusar de nosotros, ni invadirnos.
La mayoría de las veces no somos conscientes de la falta de límites en las relaciones. Se cree que el ser bueno es decir que sí a todo y todos, aun cuando esta decisión nos aniquila o empobrece.
Límites son esas líneas invisibles que fijan y marcan nuestro territorio personal, nuestro ser mismo. A diferencia de los estados en los mapas, nosotros no tenemos líneas negras delineando nuestras fronteras. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene su propio territorio. Nuestros límites definen y contienen ese territorio, nuestros cuerpos, mentes, emociones, espíritu, posesiones y derechos.
Nuestras fronteras son invisibles, pero reales. Hay un lugar en donde yo termino y tú empiezas. Nuestra meta es aprender a identificar esa línea y respetarla. Recuerda, es invisible, por eso es necesario poner más atención.

Límites funcionales y relacionales

Los límites funcionales se refieren a la capacidad de una persona para terminar una tarea, proyecto o trabajo. Tiene que ver con el desempeño, la disciplina, la iniciativa y la planificación.
Los límites personales se refieren a la capacidad de decir la verdad a las personas con quienes entablamos una relación, sea cual esta sea.

¿Qué les pasó a nuestros límites?
“Nadie nace con límites”. Los límites nos los enseñan nuestros padres… algunos de nosotros no tenemos sentido de lo que es un límite, otros han construido murallas en vez de límites, y otros tienen límites con agujeros.
Algunas personas son suficientemente afortunadas para entrar en la edad adulta sabiendo quiénes son, cuáles son sus derechos y cuáles no lo son. No rebasan el territorio de otras personas, y no les permiten a los demás invadir el suyo. Tienen límites sanos y un sólido sentido de lo que es el yo.
Desafortunadamente, muchos de nosotros hemos arribado a la edad adulta con límites dañados, llenos de cicatrices, o inexistentes. O puede ser que hayamos construido un caparazón tan grueso a nuestro alrededor, que la gente no se nos puede acercar.
Muchos sucesos contribuyen para que esto suceda. Ocurre cuando a los niños no se les enseña o no se les modela con el ejemplo de unos límites sanos; cuando los derechos de los niños son invalidados o violados; y cuando se les obliga a desempeñar roles inadecuados con quienes están a su alrededor.
Los niños pueden tener límites débiles o inexistentes si fueron descuidados física oCarmelitas Descalzas México emocionalmente o si fueron abandonados. Sus límites pueden ser débiles también si no se les crearon o no se les inculcaron límites y disciplinas adecuados.
Nuestro vínculo original con la persona que principalmente cuidó de nosotros determina cómo nos vinculamos con lo demás. Nuestros límites determinan cómo nos llevamos o cómo formamos nexos con quienes nos rodean. Si tenemos límites débiles, podemos perdernos en el territorio de otras gentes. Si tenemos agujeros o boquetes en nuestras fronteras, somos vulnerables a la invasión. Si nuestras fronteras son demasiado gruesas y rígidas, no dejaremos que la gente se nos acerque.
Sin límites, las relaciones nos causarán miedo. Somos vulnerables a perder todo lo que tenemos, incluyendo a nosotros mismos. Con demasiados límites no tendremos ninguna relación. No nos atreveremos a acercarnos demasiado.

Mitos comunes sobre límites

Un mito puede definirse como una ficción que parece verdad. Puede parecer tan verdadero que lo creeremos automáticamente. Algunos provienen de nuestras circunstancias familiares. Y otros provienen de nuestras propias interpretaciones erróneas.

Mito 1. Si pongo límites, soy egoísta.
Carmelitas Descalzas MéxicoLos límites adecuados no nos convierten en egocéntricos, recordemos que estos en realidad aumentan nuestra capacidad para dedicarnos a los otros. Las personas con límites bien desarrollados son más solícitas.
Los límites nos permiten hacernos cargo de nosotros mismos. Nos recuerdan que nuestras necesidades son nuestra responsabilidad, nos recuerdan que amamos al prójimo como a nosotros mismos.

Mito 2. Los límites son indicio de desobediencia.
Muchos cristianos temen que poner y mantener límites es indicio de rebelión, o desobediencia. Este mito atrapa a un sinnúmero de personas en un sin fin de actividades sin auténtico valor espiritual o emocional.
Las personas con límites precarios suele ser exteriormente complacientes, pero rebeldes y resentidas por dentro. Les gustaría ser capaces de decir no, pero tienen miedo; ocultan su miedo con un sí poco entusiasta. Si no podemos decir que no, tampoco podemos decir que sí, debido a nuestras motivaciones para obedecer, para amar y tener responsabilidad. Nuestro sí debe ser de todo corazón. Si obedece al temor, no amamos.

Mito 3. Si comienzo a poner límites me lastimaran.
Una realidad en este mito es que no todas las personas que nos rodean comprenderán o acogerán nuestros límites. No podemos manipularlas haciéndoles más llevaderos nuestros límites. Los límites son una “prueba de fuego” para medir la calidad de nuestras relaciones. En nuestras vidas las personas que respeten nuestros límites amaran nuestra voluntad, opiniones e individualidad. Quienes no respeten nuestros límites nos están diciendo que no nos aman. Sólo aman nuestro sí, nuestra complacencia.

Mito 4. Si pongo límites, lastimaré a otros.Carmelitas Descalzas México
Esto pasaría si tomáramos los límites como arma ofensiva. Los límites son un arma defensiva. Los límites apropiados no controlan, ni atacan ni lastiman a nadie. Decir que no alguien, puede causar molestia, pero nadie saldrá lastimado. La persona tendrá que buscar en otro lado lo que quería.

Mito 5. Poner límites significa que estoy enojado.
Este mito es una interpretación equivocada de las emociones en general, y de la ira en particular. Las emociones, o los sentimientos, cumplen una función, nos dicen algo. Son una señal.
Nuestras emociones “negativas” nos dicen cosas: el temor nos advierte del peligro, nos dice que debemos tener cuidado; la tristeza nos dice que hemos perdido algo, una relación, un oportunidad, una idea. La ira también es una señal. Como el temor, la ira nos advierte del peligro. Esta nos indica que debemos avanzar para enfrentar la amenaza. Nos advierte que han violado nuestros límites, es un sistema de alerta temprana que nos advierte del peligro de ser heridos o controlados.
Esto explica por qué las personas cuyos límites han sido lesionados se sienten espantadas de la rabia que sienten en su fuero interno cuando comienzan a poner límites. No se trata de “ira nueva”, más bien es “ira vieja”. Son años de “no” nunca articulados, nunca respetados, nunca atendidos.

Mito 6. Cuando otros ponen límites, me lastiman.
Veremos porque es tan difícil aceptar los límites ajenos:
1. Proyectamos nuestras lesiones en los demás. Cuando sentimos dolor, una reacción es “no reconocer” nuestro dolor y volcárselo a otro. Con bastante frecuencia, las personas que fueron lastimadas por límites no apropiados en su infancia, volcarán su fragilidad en otro. Sienten el dolor ajeno como propio; por lo tanto, evitan poner límites a los demás porque se imaginan lo doloroso que les resultará a esas personas.
2. La incapacidad para aceptar los límites ajenos puede reflejar una idolatría-apego. Cuando un conflicto con una persona importante en nuestras vidas nos lleva al borde de la desesperación, es posible que le estemos colocando en el centro de nuestra vida.
Cuando somos incapaces de aceptar que una persona nos diga que no, le hemos transferido el control de nuestra vida.
Conviene recordar la regla de oro: “traten ustedes a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes”. Es factible poner en práctica esta regla cuando fijemos límites. ¿Queremos que nuestros límites sean respetados? Respetemos los límites de los demás.

Problemas de límites

“Con tal concepto queremos decir que a una persona se le hace difícil definir dónde termina él o ella y dónde empieza otra persona. Podemos tener poco sentido de nosotros mismos. Por ejemplo, se nos puede hacer difícil definir la diferencia entre nuestros sentimientos y los de alguien más, entre nuestro problema y el problema de otro, entre nuestra responsabilidad y la responsabilidad ajena. Carmelitas Descalzas MéxicoCon frecuencia, el asunto no es que asumamos la responsabilidad de los demás; sino que nos sentimos responsables de ellos. Nuestra capacidad para definir y distinguir de una manera adecuada entre nosotros mismos y los demás es borrosa. Los límites a nuestro alrededor son borrosos. La gente que tiene límites débiles parece “recoger” o “absorber” los sentimientos de las demás personas; casi como una esponja absorbe el agua”
Los límites son fáciles de mal interpretar. A primera vista, parece ser que la persona con dificultad para poner límites es la que tiene problemas con los límites; sin embargo, las personas que no respetan los límites ajenos también tienen problemas con los límites.

Principales problemas de límites en categorías

Complacientes: No tienen límites bien definidos y precisos; se “funden” con las exigencias y necesidades de los demás. Actúan así por temor a herir a los demás, temen al abandono o la separación, desean ser plenamente dependientes de otro, temen a la ira de los demás, al castigo, a pasar vergüenza, a ser considerados malos o egoístas, a no ser espirituales y temen a una consciencia demasiado estricta o crítica. Este último temor se expresa con la culpa. Las personas que tienen una conciencia demasiado estricta o crítica se condenan por cosas que Dios mismo no condena.
Evasores: Estas personas son incapaces de solicitar ayuda. Confunden los límites con muros. Los límites deberían respirar, deberían ser vallas con puertas que permitan ingresar lo bueno y salir lo malo. Las personas cuyos límites son muros no pueden permitir el ingreso ni del bien ni del mal. Carmelitas Descalzas MéxicoNadie las puede tocar. Los límites impermeables de los evasores producen una rigidez hacia sus necesidades. Experimentan sus problemas y necesidades legítimas como algo malo, destructivo y vergonzoso.
Controladores: No respetan los límites ajenos. Los controladores son considerados abusadores, manipuladores y agresivos. El problema principal de las personas sordas al “no” es que tienden a atribuir la responsabilidad de sus vidas a otros. Utilizan diversos medios de control para motivar a los demás a llevar la propia carga.
Hay dos tipos de controladores:
1. Controladores agresivos. Estas personas hacen caso omiso de los límites ajenos. Como un tanque, pasan por encima de las barreras de los demás. Pueden ser abusadores verbales, o abusadores físicos. Procuran cambiar a los demás, modificar al mundo para que se adapte a su idea de cómo debería ser la vida. Descuidan su propia responsabilidad de aceptar a los demás como son.
2. Controladores manipuladores. Menos sinceros que los manipuladores agresivos, los manipuladores, buscan persuadir a las personas para que traspasen sus límites. Seducen para que lleven sus cargas. Utilizan mensajes de culpa. No tienen disciplina. Tienen pocas facultades para poner freno a sus impulsos o deseos. Les resulta difícil diferir la gratificación. Por eso no soportan que les digan que no. Necesitan desesperadamente aprender a respetar los límites ajenos si han de respetar los límites propios.
3. Indolentes: Sordos a las necesidades ajenas.
Hay dos tipos de indolentes:Carmelitas Descalzas México
1. Las personas que tienen un espíritu crítico hacia las necesidades ajenas. Odian no ser autosuficientes. Como resultado hacen caso omiso de las necesidades de los demás.
2. Las personas tan absortas en sus propios deseos y necesidades que excluyen a los demás (una forma de narcisismo)
4. Controladores e indolentes
La persona controladora e indolente tiene una ardua tarea para concentrarse en algo que no sea ella misma. Considera que sus conflictos son responsabilidad de otros y está a la búsqueda de alguien que se encargue de ellos.

¿Cómo establecer algunos límites? 

La fijación de límites no es un proceso aislado. Va entrelazado con el crecimiento de la autoestima, con el manejo de sentimientos y el desarrollo espiritual. Está relacionado con el desapego. La vergüenza tiene conexión directa con los límites. Podemos sentirnos avergonzados cuando permitimos que la gente invada o viole nuestros límites. La vergüenza puede tratar de impedir que fijemos límites que necesitamos marcar.
Nuestros límites y nuestro yo se desarrollan y surgen a medida que crece la confianza en nosotros mismos, que interactuamos con personas sanas y que vamos teniendo ideas más claras acerca de lo que es apropiado y de lo que no lo es.Carmelitas Descalzas México
• Fijar límites tiene relación con aprender a cuidar de nosotros mismos.
• Los límites surgen de decisiones profundas acerca de lo que creemos merecer y de lo que no creemos merecer.
• Los límites surgen de un sentido más profundo de lo que son nuestros derechos personales, especialmente del derecho que tenemos a cuidar de nosotros mismos y a ser nosotros mismos.
• Los límites surgen a medida que aprendemos a valorarnos, a confiar y a escucharnos a nosotros mismos.

Consejos prácticos para fijar límites.

No tenemos que construir un cerco para proteger nuestro territorio; ni tenemos que volvernos Carmelitas Descalzas Méxicohipervigilantes. Necesitamos aprender a prestar atención. Ha aquí algunos consejos:

1. Cuando nos demos cuenta de que necesitamos establecer un límite con alguien, hagámoslo claramente, de preferencia sin enojo, y usando las menos palabras posibles. Evitemos justificarnos, racionalizar o pedir disculpas. Ofrezcamos una breve explicación, si tiene sentido hacerlo. No seremos capaces de mantener relaciones de intimidad hasta que podamos decirle a los demás qué nos lastima y qué nos hace sentir bien. La persona a la que debemos notificarle acerca de nuestros límites es a nosotros mismos.
2. No podemos simultáneamente fijar un límite (una frontera) y cuidar los sentimientos de otra persona. No somos responsables de las emociones y sentimientos de los demás.
3. Probablemente nos sintamos avergonzados y temerosos cuando establezcamos límites. Hagámoslo de todas maneras. La gente puede no saber que está violándolos. La gente usa a quienes puede usar, y respeta a quienes no puede usar. Unos límites sanos a todos nos benefician.
4. El enojo, la furia y las lamentaciones son indicadores de que necesitamos fijar límites. Todas aquellas cosas que decimos no soportamos, que no nos gustan, que nos enojan y que odiamos, pueden ser áreas que nos están gritando porque fijemos límites. Estas cosas nos indican que hay problemas. La vergüenza y el miedo pueden ser una barrera que necesitamos derribar para cuidar de nosotros mismos. Otras pistas de que necesitamos fijar un límite son sentirnos amenazados, “sofocados” o victimados por alguien. También necesitamos prestar atención a lo que nos están diciendo nuestros cuerpos. Podemos necesitar enojarnos para fijar un límite, pero no tenemos que permanecer resentidos para hacerlo respetar.
5. Seremos probados cuando establezcamos límites. No hace ningún bien fijar un límite hasta que estemos listos para hacerlo respetar. A menudo, el objeto de los límites no es el convencer a los otros de que tenemos límites, sino de convencernos a nosotros mismos. Una vez que sabemos, verdaderamente cuáles son nuestros límites, no será difícil convencer a los demás.
6. Estemos preparados para actuar en congruencia con los límites que hemos puesto. Nuestros límites tienen que ir de acuerdo con nuestra conducta. Lo que hacemos tiene que ir de acuerdo con lo que decimos
7. Algunas personas se sienten felices de respetar nuestros límites.El problema no ha sido lo que ellos nos hayan estado haciendo; es lo que nosotros nos hayamos estado haciendo a nosotros mismos. Algunas personas podrán enojarse con nosotros por haber establecido límites, especialmente si estamos cambiando un sistema fijando un límite donde antes no había ninguno. La gente se enoja particularmente si hemos estado cuidando de ella, o permitiéndole que nos controle, y luego decidimos que ya es tiempo de que eso cambie.
8. Fijemos límites cuando estemos listos. Lo haremos a nuestro tiempo, no al de alguien más. Eso es así porque está relacionado con nuestro crecimiento interior.
9. Puede ser de utilidad un sistema de apoyo mientras luchamos por establecer nuestros límites y hacerlos respetar. Puede ser valioso tener retroalimentación acerca de lo que es normal y de lo que no lo es, de lo que son nuestros derechos y de lo que no lo son.

Conclusión

La meta de tener y fijar límites no es construir gruesas murallas a nuestro alrededor. El propósitoCarmelitas Descalzas México es lograr la suficiente seguridad y sentido de uno mismos para poder tener cercanía con los demás sin por ello tener la amenaza de perder nuestra individualidad, ni asfixiar a la gente, ni violar su territorio, ni ser invadidos.
Cuando tengamos sentido de nuestra individualidad seremos capaces de experimentar cercanía e intimidad. Seremos capaces de jugar, de ser creativos y de ser espontáneos. Seremos capaces de amar y ser amados.
La meta en el desarrollo de límites sanos es vivirnos no demasiados flexibles ni demasiados rígidos, así podremos resanar cualquier resquebrajadura que puedan tener nuestras fronteras. Es nuestra responsabilidad desarrollar límites sanos.
A medida que desarrollamos límites sanos, desarrollamos un sentido adecuado de lo que son los roles en los miembros de la familia, en las de las demás personas y, también, en nosotros mismos. No usamos a los demás ni abusamos de ellos ni les permitimos que nos usen o que abusen de nosotros. ¡Dejamos de abusar de nosotros mismos! No controlamos a los demás ni los dejamos que nos controlen. Dejamos de asumir responsabilidades de otras personas y dejamos de permitirles que asuman la nuestra. Asumimos nuestra propia responsabilidad. Si somos rígidos, nos soltamos un poquito. Desarrollamos un sentido claro de nuestro yo y de nuestros derechos. Aprendemos a tener un yo completo. Aprendemos a respetar el territorio de las demás personas al igual que el nuestro.

Recordemos: ¡eso lo hacemos aprendiendo a escucharnos y a confiar en nosotros mismos! ¿Qué es lo que nos lastima? ¿Qué nos hace sentir bien? ¿Qué es nuestro y qué no lo es? ¿Qué estamos dispuestos a perder?

Aportes tomados de los libros:
“Más allá de la codependencia” Melody Beattie. Promexa. 1992
“Límites” Dres. Henry Cloud y John Townsend.Editorial Vida. 2006
Hna. Liliana de Jesús Crucificado OCD
Monasterio de Huatusco, Ver.