Cada Monasterio es un don, “morada en que su majestad se deleita” (V 35,12). Santa Teresa de Jesús quería que sus comunidades fueran “pequeños colegios de Cristo” (Regla n.10), en donde las hermanas se esfuerzan por ayudarse mutuamente en el camino de la santidad, teniendo como norma suprema el amor que el Maestro ha recomendado a sus discípulos entregando su vida por nosotros (Jn 15,12-13).