Reflexión DominicalPRIMERA LECTURA: EZEQUIEL 34, 11-12.15-17
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 22
SEGUNDA LECTURA: 1ª. CORINTIOS 15, 20-26.28
EVANGELIO: MATEO 25, 31-46

 

El fragmento leído afirma rotundamente que Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que duermen. Jesús es “primicia”: primer fruto de una cosecha. Cristo resucitado es el origen de la nueva humanidad. En Jesús resucitado se ha manifestado el proyecto de Dios respecto de la humanidad. Dios resucitó al Señor y también nos resucitará a nosotros mediante su poder. Es lo que resume san Juan, en el prólogo de su evangelio: de su plenitud –coronada en la resurrección- todos hemos recibido.
Pablo imagina esta vuelta a la vida como un proceso de incorporación a la plenitud de Cristo resucitado: todos entrarán en su vida definitiva conforme el reino de Dios vaya haciéndose realidad, aniquilado todo principado, poder y fuerza. Estos poderes son los enemigos de Dios y del hombre: todas las fuerzas que se oponen a su realización plena, a sus deseos de verdad y de vida feliz.
Resucitar con Cristo es unirnos a su plenitud, humanizarnos totalmente, vivir permanentemente con Él.

Conviene señalar algunos aspectos significativos. La rigidez en los paralelismos que subrayan fuertemente las obras de misericordia y los colectivos dejan notar con fuerza que la única diferencia está en el “no” que acompaña al segundo grupo. No son condenados por hacer el mal sino por no hacer el bien (talentos).
Pero el punto central del diálogo no está siquiera en las acciones o no acciones, sino en la identificación del Hijo del Hombre con esos colectivos de más pequeños. El Señor se convierte en el Emanuel, que permanece junto a los suyos. Para reconocerle, nos ofrece un lugar privilegiado: entre los más pequeños.
San Mateo insiste en la necesidad de mantener la tensión y la constancia (vigilar), el valor de los comportamientos más que el de las declaraciones. Habitamos una casa común, los problemas de unos afectan a todos, incluso las generaciones futuras entran a formar parte de nuestras vidas. Pero no basta con hacer un mundo único. Son necesarias otras globalizaciones: la de la justicia para todos, la de la solidaridad, la de la esperanza.
Todo se centra en acciones muy concretas referidas al presente real. Estamos a tiempo; sabemos lo que hay que hacer.

P. Fr. Antar Elías Chain OCD