PRIMERA LECTURA: HEBREOS 2, 14-18
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 23
EVANGELIO: LUCAS 2, 22-40

Reflexión Dominical1. La Mansedumbre de un Día Grande
1.1 Malaquías, como tantos otros profetas del Señor, hasta Juan Bautista inclusive, anunció un Día descrito con vigorosos y turbadores trazos. Un Día con D mayúscula en el que no quedaba claro quién podría resistir y quién no. El Día de refinar los corazones y hacer aparecer la verdad de cada uno frente a Dios. Para ese Día, anuncia este profeta, el Señor entrará en su santuario.
1.2 Y el Señor entró en su Santuario. Es lo que celebramos hoy: Jesús entra en el templo. Y sin embargo, su entrada es humilde y reconocida sólo por unos cuantos humildes. Aparentemente una contradicción con el mensaje tremendo que venía de los profetas: se anunciaba fuego y llegó calidez; se anunciaba juicio y llegó salvación; se anunciaba temor y llegó mansedumbre. ¿Por qué?
1.3 Antes de intentar una respuesta, estaremos de acuerdo en un punto: cuánto hemos ganado con estos cambios. ¡Cuán preferibles y saludables son para nosotros esa calidez, esa mansedumbre y esa salvación! Bien está el anuncio del juicio que despierta la conciencia, pero mejor es el evangelio de la conversión y aquello de “no he venido por los justos sino por los pecadores”. Bien está el santo temor, que nos libera del cinismo y apaga los ardores de las pasiones inmundas, pero mejor la mansedumbre que nos atrae al bien, a la pureza y a la reconciliación. Bien está el fuego, que refleja el celo por la causa divina,, pero mejor la calidez que acoge al hombre peregrino, agotado del camino y hastiado de sí mismo.
1.4 Sin embargo, sería miope quedarnos sólo con lo que nos “conviene”. Toda la ternura de Cristo es también toda la manifestación de un amor que ya no permite mentir; un amor frente al cual tendremos que comparecer sin posibilidad de decir: “no entendí…”; “me asusté…”; “me distraje…”. La absoluta generosidad de Dios significa la absoluta verdad del encuentro con Él. ¿Y hay algo más terrible que comparecer sin disculpas ante el Amor?

2. Los Pobres
2.1 No debemos perder de vista la ofrenda del Hijo de Dios: dos tórtolas; es la ofrenda de los pobres (cf. Lev 5,7; 12,8). Cristo es el embajador de todos los que no tienen que ofrecer, y la pobreza de su ofrenda bien resume lo que todos nosotros somos ante Dios. También nos indica en su sencillez quiénes son los que más a menudo veremos en la Casa del Señor…
2.2 Lucas nos presenta, pues, una escena, un cuadro imbuido de pobreza. No es el primero ni el último de su Evangelio. Sin duda, los pobres tienen un lugar privilegiado en su rica cristología tan cercana a otros temas hermanos: la alegría, la acción del Espíritu Santo, el lugar de la mujer. Entre estos temas típicamente lucanos hay una interrelación que uno aprende a reconocer y a disfrutar.
2.3 Por eso la exultación de aquel Simeón, que, además de pobre tenía esa otra pobreza que es la ancianidad, vecina de la muerte. A este hombre, doblemente pobre, Cristo Bebé le da una doble alegría: la de la salvación y la de un descanso en la paz y en la luz. Emocionante encuentro entre el amanecer y el ocaso, entre un bebé y un anciano, entre la vida que declina y sólo pide un cobijo de paz, y la vida que despunta y regala de su esplendor y su luz. ¡Qué bello es Cristo! ¡Qué hermosa es la Luz de este día, con razón iluminado por la liturgia de las candelas!

P. Fr. Antar Elías Chain OCD