San Juan de la Cruz Poeta excelso, pensador profundo, místico excepcional, formador y reformador del Carmelo Descalzo, doctor del amor Divino.

            La idea fuerza que guía el pensamiento, el corazón y la pluma sanjuanista es la de enseñar un camino rápido, practicable, y seguro para llegar a la posesión de Dios, y ser poseído por Dios. Y así nos conduce hacia Él.

  1. El enfoque sanjuanista.

Preocupación constante es el de encaminarnos, guiarnos y conducirnos hacia

la“unión amorosa con Dios”.

  • Principios teológicos fundamentales.

San Juan de la Cruz La finalidad es siempre idéntica: enseñar a las mujeres y hombres “el modo de subir hasta la cumbre del monte de la perfección, que se llama “unión con Dios”. Por lo cual es necesario tener claro unión-perfección, meta-ideal a que se quiere conducir a los discípulos: “Entendido esto, se da mucha luz para lo que luego se ha de decir” (2S 4,8).

            Nuestra principal convicción tendrá que ser la de colocar en él centro de la vida a Dios, bien absoluto, renunciando, a cuanto impide poseerle en plenitud. Nada hay comparable a vivir en perfecta sintonía con Aquel que nos ha  amado primero, y que nos regala su propio amor para amar nosotros con el suyo, que nos realiza y plenifica.

            Ciertamente a todos y todas nos lleva por caminos diferentes aunque la finalidad como hemos dicho sea la misma, por eso el mismo Santo nos dice: “Apenas se hallará un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo de otro”. Dios lleva por caminos muy diferentes dentro de lo que es la exigencia Evangélica.

            El camino no es fácil, seguir a Jesús tiene que ser por el camino angosto, no podemos presumir de las propias fuerzas, sino reconocernos ante Dios, necesitados de Él mismo.

  • El camino de ir a Dios.

Para cada persona se inicia con la regeneración bautismal que limpia del pecado de origen y confiere la gracia de Cristo. Esa gracia no deja de actuar, está produciendo y actuando en la persona, un proceso de conversión, metanoia. Los primeros pasos reclaman especial cuidado. Dios, dentro de su pedagogía, dispone medios adecuados a cada situación y trata a cada persona con especial condescendencia. Aquí el contacto con Dios es todavía a través de discursos racionales y de consideraciones propias de la meditación.

            Mientras perdura el gusto y el apego a las cosas, mientras la satisfacción es el criterio supremo de actuación, incluso en cosas espirituales, resulta manifesto, que no se ha pasado de principiantes, que el espíritu está dominado por el impulso sensual.

            El proceso purificador, consiste en: un ir vaciándose de cosas inútiles, desnudándose de todo lo que en nuestro ser y quehacer pueda sustituir a Dios. Lan opción por Dios impone el vacío de lo contingente y contaminante.

            El esfuerzo por romper amarras y desnudarse de afectos no compaginables con la entrega total a Dios tiene su expresión concreta en la disponibilidad.

            Únicamente por la fe se llega a descubrir a ese Dios verdadero, por eso es purificadora y necesita de parte del hombre-mujer esa purificación.

            La disponibilidad radical del ser humano tiene expresión concreta en la esperanza, y así evitar todo apego del pasado e incluso del presente, vivir en un continuo cambio y transformación, proyectando al único Bien verdadero que sólo es Dios.

            La fuerza en donde se parte las otras dos es precisamente el amor, dinámico y que engendra nuevas formas de estar con Dios y con los demás. Los bienes y las criaturas sirven al hombre tanto cuanto están ordenados se ordenan para amar a Dios y se ama todo con relación a Él.

            Por eso esta vida teologal lleva a desentrañar un desapego de todo lo creado y un decir que en verdad si el hombre-mujer viven en ese sólo para Dios, ya no necesitan nada sino sólo para Él.

            Por la misma fragilidad humana, sabemos que él no puede solo necesita la intervención directa de Dios, y así se hace su intervención exigente y purificadora, así pues la purificación pasiva es necesaria en el caminar hacia Dios.

            A través de esa prueba el hombre-mujer consigue frutos muy maduros, como un conocimiento exacto de sí y de la propia miseria y de la grandeza de Dios, camino arduo y que nos lleva a la libertad y a la verdad.

            En este caminar del ser humano hay intervalos de paz y de sosiego, que sólo pueden venir de Dios y así la vida teologal domina cada vez más plenamente el panorama mismo de la vida, percibiéndose la liberación de todo aquello que no es Dios y no nos lleva a Él, Dios se va quedando sólo en el más profundo centro del ser.

Fr. Alejandro Vallarta C. ocd