Revalorizar nuestra vida de  la mano de Teresa de Jesús.

Francisco  Javier Sancho Fermín, OCD.

 A la vida religiosa se le ha venido acusando de muchas cosas  en las últimas décadas. Y hasta nosotros mismos consagradas y consagrados, a la luz de los síntomas de “debilidad” que experimentamos, fácilmente caemos en la tentación de tirar piedras  contra  nuestro propio tejado, poniendo en evidencia lo negativo y pasando por alto lo positivo. Y en vez de agudizar nuestra mirada teologal, nos acomodamos a una visión  y valoración superficial de nuestra vida.

En todas las congregaciones, institutos y sociedades  de vida  apostólica e institutos seculares, vinimos realizando unFederación San José de Guadalupe largo examen de la conciencia de nuestro males: a veces simplemente constatando su existencia, otras veces tratando de encontrar causas  y tratando de encontrar soluciones a tantos problemas y dificultades: ¿será que no vivimos con autenticidad? ¿o que nuestra estructura ya no corresponde a los tiempos actuales? ¿quizá debemos volver a lo de antes? ¿será que hacemos poca oración? ¿o que no están siendo fieles a la llamada del señor?. Un sinfín de preguntas e interrogantes, que no siempre nos ayudan de manera eficaz, sobre todo cuando la pretensión es conseguir frutos inmediatos y nos apresuramos a cambiar normas, estructuras y formas…., sin antes  hacer una valoración más profunda  y meditada de la  razón de todo ello.

Nos acusamos a nosotros mismos de desmotivados, de aburguesados, de acomodados, de relajados…., y  hay otros muchos fuera de nuestros institutos  a quienes les encanta meter el dedo en nuestra pobreza y pequeñez. No faltan desprecios, incomprensiones, e incluso quien profetiza nuestra extinción y desaparición. Algunos porque se creen superiores en dones y carismas, y otros porque son  incapaces de ver la realidad con la objetividad de la fe, y otros muchos  porque miran simplemente  la  dimensión de  pobreza humana que nos rodea  y no la dimensión de “misterio” que nos fundamenta. Cierto que aquí no queremos defender ni justificar, ni argumentar. No es este el momento  ni el lugar .

Simplemente hago referencia  a una realidad, que forma parte de nuestra cotidianidad, en la cual hemos de aprender  a vivir en  clase renovada y teologal. Y  en este contexto nos queremos preguntarnos si un personaje como fue  santa  Teresa de Jesús, tiene algo que ofrecernos: si su vida, su experiencia  de Dios y ejemplo puede “dar luz a estas tinieblas”.

Nuestra vida es antes que nada un don .

Cuando tratamos el tema de la vida consagrada estamos hablando de  un don, principalmente, es algo evidente para todos, pero que olvidamos con suma facilidad. Los diversos carismas y formas de vida han ido surgiendo  y surgenFederación San José de Guadalupe como una respuesta  del  Espíritu Santo. A la  realidad y necesidad  eclesial  del momento, no surgen por decisión simplemente humana , ni se fundamenta en un gran proyecto  o en peculiar visión que pueda tener una persona  o grupo determinado.

Es cierto que nosotros somos los  gestores responsables  de ese don, pero también es importante no olvidar que la vida consagrada es un don del espíritu  a su iglesia y  que –como recordó el concilio –pertenece a su vida y santidad.

Teresa de Jesús sufrió su propia y personal crisis, en la que posiblemente podemos encontrar un punto de coincidencia con nuestra propia trayectoria personal  y/o comunitaria. Cuando ella entró como monja en el convento de la encarnación de Ávila, ciertamente no tenía motivaciones  vocacionales  demasiado claras  o   concordes con lo que verdaderamente  implica o significa  la consagración. Ella misma – tal como lo relata en su libro de la vida –reconoce que le movía mas el temor, que el amor, y que su propósito era –no tanto de prestar su servicio al señor –cuanto el de “librarse de purgatorio”, es decir, salvarse  así misma: “en esta batalla estuve tres meses ,forzándome a mí misma con esta razón; que los trabajos de ser monja, no podían ser mayor que los del purgatorio, y que yo  bien había merecido el infierno; que no era mucho el estar  lo que viviese, como en purgatorio, y que después me iría derecha al cielo, que este era mi deseo. Y en este movimiento de tomar estado; más me parece me movía un temor servil, que amor” (v, 3,6) Posiblemente con estas motivaciones iniciales; hoy en  día no sería tan fácilmente admitida en un convento.

Es su amor el que da valor a nuestra consagración  y no a “nuestras obras”

Pasaran bastantes años antes de que Teresa se dé cuenta del  verdadero sentido  y valor de su vocación. Como quizá nos ha podido pasar a cualquiera de nosotros, durante muchos años Teresa vivió siendo  ella el centro de su vida  consagrada: yo ofrezco mi vida, yo hago oración, yo hago penitencia, yo hago tantas obras de  caridad, yo trabajo tanto…, sin darnos cuenta, y aunque con buenas pretensiones, vamos colocando al “yo“ en el centro del dinamismo  de  nuestra consagración.

El dinamismo que da sentido a la  consagración es el de la gratitud

Y quizá parte de nuestra crisis actual se deba a ello: y la valoración que hacemos de nosotros mismos apunta directamente a ese “yo, a esos “yos”, que ya no tienen la misma fuerza, que ya no tienen la misma energía…., por eso me gusta pensar que no es tanto nuestra vida  religiosa la que está en crisis cuando nuestro “yo” religioso el  que  ha entrado en esa  fase  de purificación necesaria, y por lo tanto positiva, si ello nos lleva a poner la mirada en el verdadero protagonista y centro de nuestra vida .

OCDTeresa de Jesús…. desde la búsqueda de su vida-nos enseña  que el verdadero sentido de su consagración  no le fue dado por su juventud ni por su dinamismo, ni por las muchas mujeres que formaban parte de la vida de su monasterio (prácticamente eran  unas  180, por lo que numéricamente hablando no se podía decir que sufrieran escasez de vocaciones ), pero, hasta que no se dio cuenta que el verdadero protagonista  de su consagración no era ella, sino Cristo, su vida no cambia: “pues ya andaba mi alma cansada, y aunque quería, no la dejaban descansar las ruines costumbres que tenía. En una ocasión, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se  hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota, que mirándola toda me turbo  de verle tal. Por que representaba bien lo que paso  por nosotros. fue tanto  lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas  llagas, que el corazón parece que se me partía, arrójeme cabe el, con un grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciere de una vez para no ofenderle. (v,9,1)

¿Cuántas veces nos hemos encontrado en una situación semejante? ¿cuantas veces hemos pedido la conversión?¿cuantas veces hemos hecho el propósito de no mirar hacia atrás. Y, a pesar de todo, parece no producir el fruto definitivo de la conversión; lo que marca  la diferencia en esta experiencia teresiana  acaecida prácticamente  20 años después de su ingreso  en el convento. Fue el darse cuenta que el verdadero dinamismo, que da sentido a la vida cristiana, y  a la consagración, es el dinamismo de la gratitud: la de un Dios que ya nos ha dado  todo en Cristo, y la de la persona que solo puede o debe corresponder  adecuadamente en la misma dinámica, es decir haciendo que su vida solo sea un “agradecer “ el don recibido, y no un pago anticipado, de  cara a recibir un premio o recompensa.

Pero se trata de un proceso que  en el  fondo toda consagrada o consagrado, va realizando  a lo largo de toda su vida, y donde se van afianzando los valores  fundamentales, en donde uno aprende a  descubrir que el verdadero protagonismo es el de Dios. Ello requiere de mucho ánimo,  pero sobre todo  de no perder nunca la vista que nuestra vocación es un “don” de  su amor y que ese don permanece, a pesar de nuestras muchas debilidades e infidelidades. Insistirá Teresa de Jesús en que nunca nos desanimemos: “acuérdense de sus palabras y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me canse de ofenderle que su majestad dejo de perdonarme” (v,19,15)

Federación San José de GuadalupeConsidero iluminado por la experiencia teresiana, que nuestra renovación ha de tener como punto de partida, no nuestra debilidad o pobreza, sino su amor misericordioso. Y renovar en él nuestra confianza, dejando que siga manifestando su grandeza, en medio de nuestra pequeñez. Nuestra torpeza, nuestra pobreza, nuestro cansancio…., todo esto puede convertirse en el lugar teologal de nuestra  renovación.

La perspectiva psicológica en la que hemos de situarnos, y que puede ayudarnos, la ofrece teresa en el dinamismo  de presentarnos de su propia historia  personal. Aun reconociendo  su pobreza, su pecado, la infidelidad que marco durante 20 años su vida religiosa…., más que dar a conocer su “vida pecadora”, lo que teresa quiere  de verdad es que se vea la grandeza  del amor de Dios: ”mientras mayor mal, mas resplandece el bien de vuestras misericordias “(v,14,11,). Por eso al igual que san Pablo, nos quiere hacer ver que el amor de dios  se ha manifestado en su debilidad (cf. V,8,4). El descubrir esta verdad de Dios se convierte en ella en el verdadero dinamismo  de su vocación y de su deseo profundo  de colaborar en el deseo del Señor.

Teresa comienza, entonces, de lo que es e implica  su vocación, de la llamada que Dios le ha hecho. Es como la tesis teológica  de la que nos quiere convencer, como fundamento sobre el cual seguir construyendo  positivamente nuestras vidas  y nuestra consagración religiosa. No en base a argumentos de eficacia de numero o de apariencias, sino en base a su propia experiencia personal, pues su Dios no es un Dios del intelecto, sino un Dios de la historia, de su historia personal, y quiere que todos lo sepan y se abran a su gracia, subrayando además que el lugar privilegiado donde Dios manifiesta su misericordia, es, precisamente en lo más débil y pobre que hay en  cada uno de nosotros: “es aceptador de personas,va todos ama. No tiene nadie excusa por ruin que sea……”

Un don valioso y necesario

ManoLa renovación puede llegarnos por ahí  redescubriendo gozosamente que nuestra vida y vocación es un “don”, y que visto desde Dios, ese don no deja de ser tal, aún cuando las apariencias nos tienden a creer todo lo contrario. Y si nuestra vida sigue siendo un don irrevocable, eso quiere decir que Dios sigue llevando adelante su proyecto de salvación en nosotros, y a través de nosotros, a pesar-incluso-de nosotros mismos “por el gran amor que anda granjeando tornarnos así.(v,8,10)

 En este contexto adquiere un valor renovado  las palabras que dan título a esta reflexión, y que la misma Teresa escucha venidas directamente de Dios. Cuando ella se estaba preparando para llevar a cabo la fundación de un nuevo convento. Y antes de caer en la tentación de pensar que los demás estaban  por el camino  erróneo.

Nuestra pobreza puede convertirse en  el lugar teologal de nuestra vocación.

El señor se encarga de prevenirla con estas palabras: “y que aunque las religiones estaban  relajadas, que no pensase servía poco en ellas; qué sería del mundo si no fuese por los religiosos”. (V, 32,11)

 Me parecen unas palabras de gran valor, de gran actualidad y de gran necesidad. Para todas las personas consagradas, pero también para la iglesia y el mundo actual, y es que la fuerza de esas palabras no está en que son palabras de Teresa, sino que auténticamente podemos tomarlas por palabra de Dios.

No se trata  de hacer  oración sino de entrar en el espíritu de la oración.

Ciertamente no para simplemente consolarnos o seguir justificando actitudes. Sino más bien para revitalizarnos y redescubrir con gozo  que nuestra vida, nuestro ser de estar aquí y ahora, tienen un gran valor de ser, para Aquel  que nos ha llamado y para el mundo “incluso” aunque estemos relajados. Sí, quizá , nos sentimos pobres, débiles, envejecidos, sin perspectiva. Quizás, también, nos ha saltado la desesperanza, el pesimismo, el estancamiento, el burguesismo…., si todo ello forma parte de nuestra  “relajación”,  pero aun así seguimos siendo consagrados, es decir personas que Dios ha  escogido para hacer presente su reino. Y si Dios  sigue creyendo y confiando en nuestra pobreza, ¿Por qué no hacerlo nosotros mismos?

Vernos como sujetos del amor de Dios

Uno de los grandes mensajes teresianos y de los místicos  de todos los tiempos, es que no caigamos  en la tentaciónFederación San José de Guadalupe de encerrarnos en el pozo de los lamentos, de la auto-destrucción a base de evidenciar  únicamente nuestras miserias y nuestros pecados…., que no perdamos tanto tiempo en mirar lo negativo, sino que esas pocas energías que aún nos quedan  los empleemos en potenciar  lo positivo, hermoso y grande de nuestra vocación .

 De aquí el consejo teresiano de comenzar a mirarnos  en la verdad, no solo en la perspectiva humana, sino también de la verdad que nace de Dios: “es cosa muy clara que amamos más a una  persona, cuando mucho se nos acuerda las buenas obras  que nos hace. Si es licito  y tan meritorio que siempre tengamos memoria  que tenemos de Dios el ser  y que nos crió de nonada  y que nos sustenta  y todos los demás beneficios  de su muerte y trabajo, que mucho antes que nos criase nos tenía  hechos  por cada uno de los que ahora viven… he aquí una joya que, que acordándonos que es  dada y ya la poseemos, forzado con vida a  amar (…). Pues ¿Cómo aprovechará y gastará con largueza, el que no entiende que esta rico? Es imposible conforme a nuestra naturaleza –tener –ánimo para grandes cosas quien no entiende esta favorecido por dios” (v, 10, 5,6)

Y la riqueza de nuestra consagración no se reduce a lo exterior, sino principalmente en nuestro  interior, a lo que somos, a lo que  en sí mismo se implica. El ser “consagrados “. Y solo desde aquí pude brotar la capacidad  de renacer en medio de nuestra pequeñez y pobreza .

Teresa de Jesús no llegó a la experiencia de la noche a la mañana. Ello es fruto de un largo camino en el que tuvo  que ir aprendiendo a ser consciente  de lo que implicaba ser consagrada. Su proceso hacia la conversión, tal como hemos dicho, necesitó 20 años de vida en el convento y la toma de conciencia de que su congregación, había de convertirse  en un dinamismo de entrega  y servicio, exigirá unos años más. En total  casi 27 años  para percatarse de todo lo que  le alejaba y le impedía vivir  la autenticidad de su llamada  pero no como resultado de un  camino de observación externa, sino como fruto de un camino hacia la interioridad.  Es ahí donde  Teresa se  convenció personalmente de su riqueza, de la grandeza de su vida y vocación, y de la confianza que Dios había depositado  en ella desde el inicio, siendo depositaria -como cualquiera de nosotros- de un amor infinito, que una vez que se descubre, necesita  dar ¿no es la consagración  el ser tomado como amigo de Dios?

En este sentido concuerda entrañablemente  la experiencia teresiana y el mensaje que  el papa francisco   nos ofrece en su  circular con motivo de este año dedicado a la vida religiosa: “al llamaros Dios os dice:” ¡tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo! Jesús a cada uno de nosotros nos dice esto, ¡de ahí nace la alegría!. La alegría  del momento en el que Jesús me ha mirado. Comprender y sentir esto es el secreto de nuestra alegría. Sentirse amado por Dios, sentir que para él no somos números, sino personas; y sentir que es él quien nos llama. El Papa francisco quiere orientar nuestra mirada  hacia el fundamento espiritual, de nuestra humanidad, para que reconozcamos  lo que hemos recibido por gracia de Dios y libre respuesta humana…, es decir, a pesar de nuestras múltiples limitaciones, (sociales, congregacionales, comunitarias y personales). Para Dios seguimos siendo “alguien importante. Quizá la ocasión para renovar; junto con la alegría  de nuestra vocación , nuestra adhesión incondicional a Dios , a seguir confiando en El, y dejar que  en  y a través de nuestra pobreza, pueda seguir haciendo maravillas; El pude resucitar la vida a través de nuestras cenizas, aunque seguramente no como nosotros podemos imaginar  o proyectar. Hay que dejarle a él, hay que seguir confiando en el.

Para renovarnos en lo interior

En la renovación que lleva viviendo  desde hace  años vida consagrada, prácticamente hemos llegado  a la conclusión de la importancia, que tiene una vida espiritual autentica, cuidada, educada, alimentada; y como ha pesado fuertemente en nuestros males  la ausencia de esta. El diagnostico  se pude considerar como acertado, pero identificar la enfermedad, aun siendo un paso muy importante, de cara a proyectar una vida más saludable, no es suficiente  en la resolución de los problemas, sabemos que para que nuestra vida adquiera  esa alegría y dinamismo que le corresponde, debe beber de las fuentes apropiadas. Y eso nos ha llevado a tomar medidas muy positivas: potenciar o producir en el horario, momentos de oración, cuidar la participación y celebración eucarística y sacramental, rescatar algunas devociones o rezos…, pero constatamos que ni siquiera así, se cambian las cosas de la noche a la mañana. Curiosamente  cuando hablamos de temas de espiritualidad con bastante frecuencia corremos el riesgo de corregir la vida espiritual, con las prácticas espirituales. Pero eso no cambia, si el espíritu no se forja  así mismo en otra dinámica.

Teresa puede ayudarnos durante este año  dedicado a la vida consagrada.

De Teresa aprenderíamos 2 cosas importantes: que el cambio y la transformación son procesos largos, y requiere suSta. Teresa de Jesús tiempo; y que no se trata de hacer más oración u oraciones, sino de entrar en el verdadero espíritu de la oración, en el  verdadero dinamismo  de una autentica vida espiritual  que ha de poner  su acento en  lo relacional y no en lo cultural, es decir, en nuestra capacidad de ser conscientes, de  a quién oramos; en otras palabras disposición a ser amigos de Dios, a relacionarnos con él en esa dinámica tan evangélica.

Somos muy valiosos para Dios y para el mundo. Pero aún podemos serlo más, si se forja en nosotros esa conciencia, seguro que nuestro empeño seria de un fruto  mucho mayor. Así relee Teresa su propia historia, cuando después de abrirse a esa presencia  que habitaba y llenaba de sentido su vida  es capaz de renacer: “quiero ahora tornar donde deje mi  vida –que me he detenido  más de lo que me había de detener- porque se entienda mejor lo que está por venir. Es otro nuevo libro de aquí  adelante, digo, es otra vida nueva. La de hasta aquí era mía; la que he vivido desde que comencé a declarar  estas cosas  de la oración , es que vivía Dios en mi  algo que me parecía; porque entiendo yo era imposible salir en tan poco tiempo de tan malas costumbres y obras. Sea el Señor alabado que me libro de mi” (v, 23,1)

Por ahí discurre el camino: hemos de librarnos de nosotros mismos, para que la positividad y confianza  de Dios  vuelvan a sustentar nuestra vidas, y a insuflar vida en nuestro barro: o mejor aprender a mirar nuestro  presente  con los ojos esperanzadores de un  Dios   que no deja de salvar, y de realizar su obra, precisamente en medio de nuestra pobreza.

Para orar de la mano de Teresa

Teresa nos invita  que no nos quedemos  simplemente en  una reflexión más. Todo  esto nos puede ayudar si dejamos que se convierta en oración, es decir  en una ocasión especial para “tratar de amistad  con Dios”.

Lo primero es tomar conciencia de su presencia  dentro de mí: y cerrando los ojos  agradezco a Dios que aya queridoFederación San José de Guadalupe habitar en mi  interior. Nos tomamos el tiempo necesario para “saborear esta  presencia “.

Dios nunca me abandona, nunca deja de mirarme con amor, aun cuando yo no aya siempre sido fiel a su llamado. Por eso, es momento de darle gracias por el  don de mi consagración.

Ahora que vuelvo a hacer me consiente del don recibido, puedo renovar mi entusiasmo, pero sobre todo mi disposición a seguir confiando en él, a dejarle y abrirle más espacio dentro de mí.

En su compañía puedo tratar  de reflexionar  y meditar a qué me invita la conciencia  de saber que nunca he dejado de ser un “don”, de Dios para la iglesia.