PRIMERA LECTURA: AMOS 7, 12-15
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 84
SEGUNDA LECTURA: EFESIOS 1, 3-14
EVANGELIO: MARCOS 6, 7-13

Reflexión DominicalCuántos planes hermosos y proyectos brillantes han fracasado a lo largo de la historia por falta de hombres y de hombros! Para la evangelización y transformación del mundo, Dios necesita de los hombres. Necesita instrumentos convencidos, comprometidos y dispuestos a darlo todo.
Los textos bíblicos nos hablan de aquellos que Dios eligió. El pueblo judío es para Dios “un reino de sacerdotes y una nación santa”. Es el pueblo elegido y preferido por Dios entre todos los pueblos de la tierra, para llevar adelante sus planes. También el Evangelio nos habla de una elección: Jesús llama a sus apóstoles. Y les entrega su primera misión. Deben anunciar la gran noticia de la cercanía del reino; y esto no sólo por medio de palabras, sino también con señales y acciones concretas. Porque cuando Dios elige es para dar una misión: dones son tareas.
Por eso, el Señor envía a los apóstoles y les confía una tarea. Y como los doce, toda la Iglesia es una Iglesia apostólica y misionera. La Iglesia no vive para sí misma, sino para ser luz del mundo, para servir a la humanidad entera, para salvar a todos los pueblos. También todos nosotros somos enviados: cada cristiano es un misionero. Ese tesoro inmenso que hemos recibido – la luz de Cristo y de su Evangelio – es para comunicarlo a todos los hombres.
Como el Señor nos indica en otro momento – cada cristiano debe convertirse en “sal de la tierra”, en “luz del mundo” y en “levadura de la masa”. En efecto, Dios no creó a la Iglesia para ser una especie de “club selecto” de almas privilegiadas, a las que se permite acceso a ciertos dones reservados. NO. Desde un principio, Dios ha amado a todos los hombres y ha querido que todos lleguen a su corazón de Padre. Y por eso creó a la Iglesia al servicio de toda la humanidad, como instrumento y mensajera de la Buena Nueva de su amor. La misión – Marcos 6,7-13 2 Los cristianos somos sin duda los predilectos de Dios, porque hemos podido conocer primero su Evangelio. Pero nuestro privilegio es el de servir, llevar a todos los hombres aquellos dones que para todos están destinados:
∙ Para que el Evangelio se convierta en luz del mundo;
∙ Para que penetre no sólo los corazones humanos, sino también la vida de la sociedad y su cultura.
El Evangelio debe así fermentar el mundo entero para Cristo. Debe vencer y sanear con su luz todo lo que haya de tinieblas y pecado en él. Debe construir poco a poco esa gran comunión de amor que Dios desea con todo el género humano: para que todos los hombres lleguen a ser hijos suyos y hermanos en Cristo. Por eso, la Iglesia no es una isla, una familia encerrada en sí misma para gozar del amor que une a sus miembros. A ella pertenecemos para llevar su luz a todos los hombres, para iluminar el camino de todos hacia Cristo.
Los cristianos no podemos permanecer enclaustrados en nuestras comunidades o movimientos. Estos deben ser no sólo nuestro hogar y taller de formación, sino también nuestro lugar de envío. El lugar desde el cual partimos hacia los hombres, para iluminar con la luz del evangelio los problemas, las alegrías y las esperanzas de sus familias, de sus barrios, de sus escuelas, fábricas u oficinas. “Nadie enciende una luz – dice el Evangelio – para esconderla bajo un recipiente, sino para colocarla sobre un candelero, a fin de que ilumine toda la casa”. El día de nuestro Bautismo, todos nosotros recibimos una luz – símbolo de la misión de la Iglesia – que a partir de ese momento se convertía en misión personal de cada uno.

P. Fr. Antar elías Chain ocd