PRIMERA LECTURA: ISAÍAS 50, 1-9
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 114
SEGUNDA LECTURA: SANTIAGO 2, 14-18
EVANGELIO: MARCOS 8, 27-35

Reflexión DominicalEl Evangelio de hoy que acabamos de escuchar, nos trae la confesión de Pedro que le es revelada por inspiración divina: “Tú eres el Mesías”.
La primera condición para que pueda ser apóstol, para que pueda ser Papa, es la fe en Jesucristo. Porque ser apóstol significa ser enviado, ser mensajero del Señor. Su misión es, ser testigo de las palabras, de las obras y de la persona de Cristo ante el mundo y ante los hombres.
La segunda condición para poder ser un verdadero apóstol, es un profundo amor a Jesucristo, un amor que le lleva a Pedro a entregar hasta su vida por Él. Pero la fe y el amor de Pedro no están todavía a la altura de su misión. Tiene que ser preparado y educado por Jesús. Tiene que pasar por duras pruebas de fe y amor a su Maestro.
Y cuando Jesús, después de su Resurrección, le pregunta tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” – entonces Pedro ya puede responderle con fe humilde y un amor profundo: “Si, Señor, tú sabes que te quiero”.
Fe y amor a Cristo, son también las condiciones para que todos nosotros podamos ser verdaderos apóstoles del Señor. Porque como cristianos tenemos vocación de apóstol. Somos una Iglesia apostólica y misionera. El cristianismo, más que una religión de salvados, es una religión de salvadores. Si nos preocupamos sólo por salvar nuestra propia alma, Dios nos preguntará, al final de la vida: “¿Dónde están tus hermanos? ¿Dónde están tus familiares? ¡Vete a buscarlos a ellos!” ¿Y nosotros? ¿No deberíamos también tener el mismo gran amor al Señor? Y lo normal para nosotros, debería ser que la entrega y el amor a Cristo pasen por el amor filial a la Virgen María: nos entregamos a Ella y Ella nos conduce hacia su Hijo Jesucristo.

P. Fr. Antar Elías Chain ocd