LECTURAS:
PRIMERA LECTURA: ISAIAS 56, 1. 6-7
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 66
SEGUNDA LECTURA: 1ª. TESALONICENSES 1, 1-5
EVANGELIO: MATEO 22, 15-21

Reflexión DominicalEste cántico a la investidura de Ciro debe corresponder al momento en que el nuevo señor de la historia se dispone a avanzar contra Babilonia. Israel tiene motivos para seguir esperando.
Con una mezcla exquisita de lenguaje imperial de la época y el vocabulario bíblico de la elección, el profeta logra transmitir su mensaje: Dios habla a través de Israel y sus gestos hacia Él, pero también habla a través de los acontecimientos de la historia, de la que es su Señor. Dios pone a la historia (Ciro) al servicio de la Historia de Salvación (Israel) aunque aquella no sea consciente de ello. Yahvé habla a Ciro –persona que no conoce a Dios, insiste el texto- y le habla, para encomendarle una misión. Es decir: el no conocer a Dios no es una limitación para ser llamados a anunciar sus palabras de consuelo. El monopolio de
la elección de Dios por parte de sólo un pueblo entre todos los pueblos de la humanidad, se desdibuja ante este relato del profeta. Constatamos que un «no judío» puede servir también de mediación adecuada para la actuación de Dios.

El texto que hoy leemos forma parte de una serie de controversias entre Jesús y los fariseos y otros grupos sobre temas como el tributo, la resurrección de los muertos, el mandamiento principal, el hijo de David… Todas estas controversias tienen como telón de fondo la confrontación de Jesús con la ley romana.
Las comunidades cristianas que habían optado por otra forma de entender la relación con Dios, con el Dios de Jesús, no podían entender cómo el emperador se presentaba como Dios, y se enfrentan a la religión oficial optando por lo alternativo, que en este caso es la propuesta de vida en pequeñas comunidades de hermanos y hermanas.
Ya en los albores de la reflexión de la comunidad está la conciencia de que el emperador no es Dios y nunca lo será, porque Dios es amor, justicia, amor, igualdad… valores ausentes en cualquier imperio, de cualquier época. Al solicitar una moneda, que sus interlocutores poseen, pone al descubierto que aceptan de hecho todo el universo de significados del imperio. Los fariseos y herodianos se mueven dentro de la lógica del denario, del dominio de unos sobre otros. En cambio Cristo, con su enigmática respuesta, quita a la moneda todo su significado religioso y de este modo anula toda la teología en que se fundamenta el imperio. Lo mismo que en la purificación del Templo, reivindica la teología de Dios: otro orden en las relaciones que no busca el sometimiento de los unos a los otros sino la fraternidad, que no busca la explotación sino el servicio…

P. Fr. Antar Elías Chain OCD