Reflexión DominicalPRIMERA LECTURA: MALAQUIAS 1, 14-2, 2.8-10
SALMO RESPONSORIAL: Del SALMO 130
SEGUNDA LECTURA 1ª. TESALONICENSES 2, 7-9.13
EVANGELIO: MATEO 23, 1-12

 

La primera lectura, es una fuerte crítica de Yahvé contra los sacerdotes, sus ministros del culto: no hacen lo que deben. El tema central de estas dos secciones, es lo vacío del culto y la reacción de Yahvé. Se comienza presentando el dogma de fe: “Que yo soy un gran Rey, dice Yahvé Sebaot, y mi Nombre es terrible entre las naciones!” (v. 14). El título de Rey grande, le pertenecía por ser Creador y como Dios de la Alianza sinaítica. Los profetas lo contemplaban en el horizonte escatológico de la era mesiánica. Los sacerdotes se acercaban a este Rey grande, con ofrendas indignas, lo peor de los rebaños. La reacción de Yahvé es tremenda: “Maldeciré vuestras bendiciones” (v. 2). Esta amenaza no eran sólo palabras, sino bienes materiales, pues bendecir o maldecir, era recibir o no los deseados frutos. El motivo era lo vacío del culto porque, no había sinceridad en sus actitudes, mientras Dios sigue en su misterio. Han hecho inválida la Alianza de Leví, puesto en peligro el sacerdocio levítico y la Ley un escándalo para el pueblo, porque había en ello intereses creados. Dios se desliga del compromiso adquirido por la alianza, los dejará sólo hasta convertirlos en despreciables y viles ante el pueblo, porque no guardan sus caminos y hacen acepciones de personas en la aplicación de su Ley (v. 9). El texto termina con la condenación de los matrimonios con extranjeros, motivado por la corrupción del culto y del sacerdocio y la mezcla con cultos extranjeros por parte del profeta. Pero la reflexión del pueblo, iba por otros derroteros: “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado el mismo Dios” (v. 10). El profeta en cambio, da argumentos de carácter nacionalista, obsesionado por el culto divino, han profanado la Alianza haciendo matrimonios con extranjeros. Se trataba de que los gentiles se integraran a la alianza con Yahvé, y no al revés. Se trataba de un proselitismo absorbente y no una propuesta de salvación.

La segunda lectura, nos presenta cuál fue la conducta de Pablo en Tesalónica, ante calumniadores que tergiversaban la doctrina de Pablo por ello hace su defensa. El lenguaje, sin embargo, es sereno, sin la vehemencia que usó con los corintios (cfr. 2 Cor.1, 12-24; 12,11). Les recuerda sus inicios entre ellos, cómo predicó el evangelio, a pesar de la oposición que encontró, y las afrentas sufridas en Filipos (cfr. Hch. 16,22-24; 17,1-10). Valentía, es sinónimo de libertad para proclamar el kerigma cristiano (cfr. Hch.2 Co.3,12; Ef.3,12), que también significa confianza y valor delante de los hombres. La predicación no procedía de error sino del Evangelio, pues no buscan agradar a los hombres sino a Dios. En su proceder, no quiso hacer pesar su autoridad, como apóstol, respecto al respeto y a la ayuda económica (cfr. 1 Cor. 9, 6-7). Ha sido para ellos como una madre que cuida a sus pequeños hijos en la fe, y ha trabajado con sus manos para no ser gravoso en nada (vv. 9-10; cfr. 1 Cor. 9, 12; 2 Cor. 11, 7; 2Tes. 3,8; Hch. 20, 34). La llamada a su reino y gloria, es la participación que los cristianos ya poseen, gloria, luz, presencia de Dios en medio de su pueblo, aunque su manifestación será en la etapa final (cfr. Rom. 5, 2; 8,18; Col.1, 12-13; 3,3-4).

El evangelio es una denuncia de Jesucristo, contra los fariseos y maestros de la Ley, a quienes les reprocha su hipocresía, sin embargo, no los desautoriza como jefes religiosos de Israel. Luego, hace una exhortación a los discípulos acerca de cómo deben comportarse entre ellos como comunidad. La denuncia se refiere a la hipocresía y ostentación que hacen de su fe, ante el pueblo de Dios. Llevan una doble vida, porque enseñan y aplican la Ley hasta el detalle para los demás, pero ellos no hacen lo que dicen o enseñan. La ostentación, consiste en vivir una fe para mostrarla, de ficción, mientras los observan, de cara al público. Buscan protagonismo, se presentan arrogantes en su porte y vestiduras, y la vanidad hace que la gente les llame maestros. A la denuncia sigue la enseñanza para sus discípulos: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Directores”, porque uno solo es vuestro Director: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado” (vv. 8-12). Es un llamado a asumir actitudes nuevas, en un pueblo nuevo que se constituye desde el Reino de Dios, donde habrá servicio y misión, jerarquía y colaboración responsable, autoridad y fraternidad, en definitiva comunión entre todos los miembros. Y lo más importante viene al final:
“El primero entre todos ellos ha de ser el que sirve, porque quien se enaltece será humillado y el que se humille será enaltecido” (v. 12). Si bien, se podría pensar que este es un llamado a los sacerdotes o responsables de la comunidad, en realidad es un llamado de atención a toda la Iglesia, jerarquía y pueblo de Dios. Pensamos que los fariseos no eran sacerdotes sino laicos. Lo que espera el pueblo de Dios, es un servicio de la palabra y de los sacramentos, por parte de sus legítimos pastores, un culto digno semanal y dominical, una conducta coherente entre lo que se predica y lo que se vive, como testimonio auténtico de vida cristiana. Es precisamente este testimonio humilde y fecundo de la jerarquía hace que el pueblo fiel comprenda que se puede vivir las exigencias evangélicas. El rechazo de Cristo es a la hipocresía religiosa que puede afectar a toda la comunidad; su testimonio nos enseña que no se identificó ni con el poder civil ni religioso, su nuevo pueblo, la Iglesia, será de hermanos presididos por los pastores, los primeros servidores en la comunidad.
Una de las manifestaciones de la hipocresía, es el divorcio entre fe y vida (GS 19, 3), es decir, vivir una fe muy formal, pero carente de interioridad; observar normas, pero olvidar la conversión del corazón; creerse bueno y despreciar en el corazón a los demás; sobre valorar las propias obras para ganar méritos, etc.

P. Fr. Antar Elías Chain OCD